“Cuando uno ve estas catástrofes se acuerda de la “cultura del descarte”

José Plaza Hernández es licenciado en astronomía y estudiante de geografía. A pesar de vivir en La Serena, estuvo tres días recorriendo los lugares devastados por los incendios en Viña del Mar: Achupallas, Miraflores y Pompeya, entre otros, escuchando a la gente, hablando con los damnificados. Es un convencido de que católicos y no católicos tenemos que ponernos las pilas y movernos más en temas ambientales. “Debemos aprender a bajar las barreras de prejuicios y tener conversaciones de corazón a corazón. Escuchar con atención para hablar con intención y desde ahí movilizarnos y gritar, siempre dando espacio a otras voces”, enfatiza. 

Cuando te enteraste de los incendios, ¿qué fue lo primero que se te vino a la mente?

Me enteré por partes. Primero, del daño ecológico que se estaba produciendo y después supe de la localización y magnitud y me dio miedo por las personas. Sentí rabia y mucha impotencia de no saber bien por qué alguien haría eso. En verdad, quedé en shock.

¿Por qué el hombre aniquila a la naturaleza y al mismo tiempo a sí mismo?

Cuando uno ve estas catástrofes, se acuerda de un concepto del Papa que es la “cultura del descarte”. Hemos llegado al punto que nada importa, lo que refleja una desconexión. El fin justifica los medios y eso es muy grave. Y lo vemos ahora en distintas problemáticas socioambientales. No es lo mismo botar el envoltorio de un helado que tomaste, que reemplazar a un trabajador de la construcción que muere al caerse del edificio. Hoy, no hay diferencia entre uno y otro y eso es lo grave.

¿Por qué existe esa desconexión del hombre con la naturaleza? 

Somos parte de la naturaleza, somos animales, seres vivos y de alguna forma el ser humano se dio cuenta que tiene un potencial enorme para construir y crear, pero también para destruir. Nos hemos cegado y sentimos que no necesitamos de nadie más. Ese individualismo se ha instalado en el ser humano, incluso, algunos se sienten superiores y con el derecho de poder pasar sobre otros seres. Esa desconexión hace que ya no te sientes parte de esta naturaleza y, por lo tanto, no hay razón para cuidarla. Esta distancia que se está creando, hace que sea más fácil el permitirnos pasar por encima del otro. Nos insensibilizamos frente al dolor ajeno. 

¿Por qué el hombre está tan alejado de cuidar esta “casa común”, tal como llama el Santo Padre a nuestro planeta y quema intencionalmente hectáreas de naturaleza? 

Hace falta sentido de pertenencia. Vivimos en este territorio físico, compuesto por la naturaleza, seres vivos, la música, en fin, en este sistema está todo interrelacionado y si no sentimos pertenencia, es difícil agarrarle cariño y tenerle valor a las cosas y al no sentirnos parte de algo es difícil cuidarlo. Eso da pie a otras cosas como estar dispuestos a dañar a otros seres. 

¿Cómo crees que debiéramos combatir esta desconexión del hombre con el mundo y  la naturaleza?

Debemos hacer acciones a distintos niveles. Primero, promover una conversión ecológica. Todos, católicos y no católicos, tenemos una dimensión ecológica en nuestro credo. Jesús siempre se alejaba y buscaba la conexión de Dios a través de la naturaleza. En ella vemos el rostro del creador. A Cristo lo vemos en las otras personas y también en la creación. 

Debemos conocer las problemáticas de nuestro entorno, adquirir hábitos, tomar el gusto por incomodarnos, salir de nuestra zona de confort y generar espacios de encuentro. Es muy difícil resolver las problemáticas si no nos atrevemos a hablar de las cosas incómodas.

También debemos escalar y organizarnos a nivel general hasta llegar a las políticas públicas. Por ejemplo,  ir a votar, tomando en cuenta en todo lo que creemos y considerar cómo afecta mi voto al resto de mis hermanos, a la naturaleza. Incluso, relacionarnos con las juntas de vecinos, firmar cartas, difundir información, informarnos y actuar, ser activos.

¿Cómo apelamos a las autoridades para que participen en esta cruzada?

Si a la ciudadanía no le importa esta cruzada, a las autoridades tampoco les va a importar, aunque no seamos los afectados, tenemos que levantar la voz. Es importante ser empáticos, pero más que ponernos en el zapato del otro, porque todos tenemos pies distintos, debemos ver cómo camina el otro para apoyarlo. Es importante, entonces, que nos encontremos, porque sino no me voy a enterar de las necesidades del otro.  Tenemos que abrir espacios para que todas las voces sean escuchadas, para que el debate sea más diverso. 

¿Qué puede hacer la Iglesia al respecto?

La Iglesia ha hecho cosas, vamos por buen camino. El Papa ha escrito encíclicas y exhortaciones, pero nos hace falta esta conversión ecológica. Esto también es un tema de fe y cuando nos damos cuenta de eso, nos vamos a mover más. No debemos quedarnos callados, debemos denunciar. 

Siento que somos muy reactivos. La Iglesia está siempre al servicio de los demás y como tal existen un montón de otras causas, en las cuales aporta. Pero este es un tema de todos los católicos, debemos formar mejores ciudadanos. En este sentido, hace falta una reflexión más amplia.  

¿Qué mensaje le darías a esas personas que iniciaron los incendios?

Primero, los invitaría a caminar los lugares por donde fueron los incendios y donde la destrucción es total, los invitaría a caminar  y escuchar. En segundo lugar, a sensibilizarse en lo que hicieron y que se sumen a trabajar en la restauración. Y, por último, decirles que estoy rezando por una conversión, que aunque no sea católica, sea de corazón. Estoy rezando por la sanación de cada uno de ellos. 

Hay mucho por hacer el incendio ya está, un llamado a la acción con el cambio climático, tenemos que ponernos las pilas y movernos más en temas ambientales y en el incomodarse y encontrarse con otras personas. Reparar un tejido social que está super roto. Aprender a bajar esas barreras de prejuicios y tener conversaciones de corazón a corazón. Escuchar con atención para hablar con intención. Desde ahí movilizarnos y gritar y hablar siempre dando espacio a otras voces. 

Fotografía El Mercurio