“No solo hay que esperar el Mes de María para confiar en ella, para ponerse bajo la protección de su manto”, explica Loreto Cruz sobre este periodo de conmemoración. En esta entrevista, subraya qué lo hace especial en 2023.
¿A qué nos llama el Mes de María este año?
Como siempre, si llamamos madre a María, nos llama a vivir como hermanos, pero yo creo que este año, más que nunca, exige fomentar la paz y que el rezo no sea solo mover los labios, sino no pelear con otro, no juzgar, no condenar al otro porque piensa distinto o vota diferente. Se trata realmente de ser más amable en el diálogo, en la convivencia social.
¿Cómo los católicos pueden renovar o darle un enfoque novedoso al Mes de María?
Cada día toma más fuerza la idea de salir a las plazas, de rezarlo en un lugar más comunitario y más visible de espacio público. Eso es muy novedoso, que los mismos laicos estén tomando el protagonismo, que no sean solo los sacerdotes, que no sea la Iglesia jerárquica, por decirlo de alguna forma, y se trata de poner a la Iglesia en salida, como dice el Papa Francisco. Es súper común ver que la invitación al rezo diario en las parroquias, pero también dentro de la oficina, en las plazas, en los condominios, y sigue siendo siempre novedoso o difícil hacerlo más íntimo dentro de las familias, porque también ahí cuesta mucho ser testigo con los que ya te conocen. Hay una linda tradición, coronar a la Virgen. Me parece super linda además la idea de las flores porque representa la belleza, las virtudes de la Virgen, como dice la oración. Todo eso a lo mejor no es tan nuevo para los que lo llevamos haciendo por años, pero es nuevo para la persona que a lo mejor no lo hace siempre, no tiene la costumbre, entonces el que lo hace que invite al otro. Esa acción de convocar es muy evangélica, es muy propia de ir a visitar a otras casas, como lo hizo María con su prima Isabel, ese es un ingrediente apostólico que aporta el Mes de María que me parece siempre novedoso.
¿Qué destaca de la devoción mariana que hay en Chile?
Destaco especialmente la expresión de religiosidad popular vinculada a muchos santuarios a lo largo de todo el país. El Mes de María justo coincide con el año en que el Papa declara el dogma de la Inmaculada Concepción, entonces Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas lo trae en 1854, por lo tanto, el siglo XIX, históricamente hablando, es considerado como reciente. Ha sido una devoción muy arraigada desde entonces. En ese momento él era rector del Seminario Pontificio Mayor, lo trajo como novedad de Europa a Chile y se quedó para siempre. Destaco de la devoción mariana chilena especialmente la fidelidad, la idea de encantarse o comprometerse con algo y de celebrarlo de forma tan filial, tan bonita.