El sacerdote ha desarrollado “una bitácora de lectura” en su cuenta de Instagram y en la siguiente entrevista sugiere algunos autores que vale la pena leer este verano.
“Una bitácora de lectura” es la que el padre Juan Irarrázabal (42 años) ha cultivado desde junio de 2019 en su cuenta de Instagram. En ese espacio deja un registro de sus lecturas -aclara que “solo recomiendo cuando expresamente recomiendo”- con una foto y un breve comentario. En la siguiente entrevista conversó sobre la lectura, cómo puede ayudar a profundizar en el sentido del ocio durante las vacaciones y sugiere algunos autores que vale la pena leer.
Entre las motivaciones que han alimentado este ejercicio se cuentan compartir el hábito de leer y “lo valioso que es”. Explicó que también le es útil para consultar algún título cuando alguien le pide alguna sugerencia. Por ejemplo, recordó que “me toca estar con novios y les suelo recomendar libros”.
En cuanto a los escritores que incluyen el listado que ha elaborado, nombró a rusos como Irène Némirovsky y Fiódor Dostoievski. “Me encanta la poesía de Gabriela Mistral”, añadió. En cuanto a la narrativa de Estados Unidos, calificó a “El jilguero”, obra de Donna Tartt que supera las 1.100 páginas , como “un librazo”. De ese mismo país también destacó a Cormac McCarthy y William Faulkner. De Reino Unido, recordó a G.K. Chesterton por sus novelas y ensayos, Charles Dickens y a Jane Austen: “Es fantástica”. También recomendó “En busca de las entrañas del hielo”, de Juan Franciso Lecaros, y contó que “me encantó el libro de (Salvador) Allende de (Daniel) Mansuy”.
Consultado por el sentido del ocio en las vacaciones y cómo se relaciona con la lectura, afirmó que “un beneficio muy inmediato es que ayuda a tener más calma, me baja las pulsaciones. Eso no me pasa con el celular o las redes sociales. La lectura me hace estar en paz, trae quietud interior. Eso es muy valioso. Una segunda cosa es que me hace pensar más, me hace más reflexivo. Eso hace crecer interior y exteriormente. Eso pasa también con el buen cine o conversando con un buen amigo. Además ayuda a ser menos autorreferente o ser menos egocéntrico porque uno está leyendo sobre alguien, admirando ejemplos de personas increíbles. El egoísmo es cansador, en cambio cuando uno se asoma a la vida de otras personas, ficción o no, se está empatizando con otra persona. Eso descansa y ayuda muchísimo”.
Otra dimensión de la lectura que beneficia el descanso, según el padre Irarrázabal, es la belleza. “Entonces cuando uno lee un libro muy bien escrito o una historia bien contada, aparte de cómo te alimenta, el cómo está escrito” ayuda a descansar. “También invita a construir un mundo con belleza”.
Por último, recordó que la literatura, el pensamiento, los ensayos y la lectura espiritual son alimentos para reflexiones y prédicas. “Me parece que en la Iglesia Católica el aprovechar la fuerza de la palabra escrita siempre ha sido una gran herramienta para abrir un mundo más bonito para los demás. La palabra escrita tiene rastros, huellas de la verdad, y la belleza de Dios en cualquier libro bien escrito”, concluyó.