“Alaben a Dios” se titula, en castellano, la nueva exhortación apostólica que el Papa Francisco publicó en octubre de 2023. “Laudate Deum” es un llamado “a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática”.
Para Pablo Vidal, ingeniero civil industrial , máster en Responsabilidad Social Corporativa y fundador y gerente de Sustenta+, “este texto hay que mirarlo como parte de un conjunto de textos: ‘Laudato si’, año 2015; ‘Querida Amazonía’, 2020; ‘Fratelli tutti’, 2020; y ahora, en 2023, ‘Laudate Deum’”, los que invitan a ser “una Iglesia que se abre se abre a todos sin distinción y que también sale al rescate de la Creación”.
En esta entrevista, el también vocero de Voces Católicas analiza la publicación de “Laudate Deum”.
¿Por qué un católico debería leer esta esta exhortación apostólica?
El Papa Francisco comienza esta exhortación, de alguna manera, resumiendo la evidencia científica que existe en relación al cambio climático. Podríamos decir que de alguna manera el Papa cierra esta como polémica inflada respecto de que todavía hay personas que dicen que el calentamiento global y el cambio climático es una cosa falsa. Dice señores, la evidencia científica es contundente. Hoy día en el mundo hay lugares donde ya la temperatura aumenta a un nivel que no corresponde a la naturaleza, y peor aún, los efectos de ese aumento de temperatura repercuten en los cambios del clima que afectan finalmente la vida de cientos de millones de personas, particularmente los más pobres. Diría que es suficiente justificación para que todo católico al menos se motive en la lectura de esta exhortación.
Entre los puntos abordados por el Papa en Laudate Deum, ¿cuál es el que te parece más relevante?
El primer tema relevante es el anteriormente mencionado acerca del negacionismo del cambio climático. Otro punto importante es el avance tecnológico y el avance de las tecnologías de la digitalización. Menciona el concepto de este ser humano que está en una especie de carrera o búsqueda imperiosa por volverse Dios y por controlarlo todo.
El Papa hace un segundo llamado respecto de que si todo este avance tecnológico, y él ya lo había mencionado efectivamente en “Fratelli Tutti”, puede ser muy favorable para el ser humano, pero también puede traer consecuencias brutales. Es un llamado a enfrentar este avance tecnológico con una óptica, en el fondo, más fraterna, diciendo que este avance tecnológico, esta ambición por lo tecnológico, no se transforme tampoco en una especie de nueva carrera por la destrucción de la naturaleza, tomando en consideración que la tecnología está muy asociada a los minerales, y los minerales están asociados en a los procesos productivos y mineros. Entonces pone el contrapunto. Es decir, el avance tecnológico es maravilloso, pero si no nos volvemos dioses de alguna manera, en el fondo arrasamos con toda la creación.
El tercer llamado que hace la exhortación apostólica aborda el tema que como los desafíos son tan grandes, los más poderosos son los que de alguna manera generan este mayor impacto y lo terminamos pagando todos los demás, entonces uno podría de alguna manera angustiarse y decir que nada sirve, nada de lo que yo haga como persona natural sirve porque son otros los que contaminan, son otros los que generan las emisiones, etcétera. El Papa dice no, nosotros los católicos creemos, primero, que Dios está con nosotros, y, segundo, creemos que también estamos en la vida por algo. No vinimos aquí a perder el tiempo, a mirar como otros destruyen la humanidad y todos los actos que nosotros hagamos sí sirven. Hay un llamado a retomar con entusiasmo las acciones cotidianas que quizás manera aislada podrían parecer muy poco, pero que de manera colectiva podrían generar grandes transformaciones.
¿Cómo ayuda este texto a establecer un debate fructífero y amplio en las sociedades sobre la emergencia climática?
Este texto hay que entenderlo en una especie de seguidilla de mensajes que ya van a cumplir casi 10 años, a través de los cuales el Papa hace un cambio de paradigma: no somos seres aislados, sino que vivimos en un entorno, que es la Creación, y vivimos entre hermanos. Entonces, el mensaje más profundo que está en todos estos textos es volvámonos una Iglesia, pero no una Iglesia desconectada de la realidad, sino una Iglesia que es capaz de encontrar a Dios en la realidad. Una Iglesia que se abre se abre a todos sin distinción y que también sale al rescate de la Creación. Es una invitación a adentrarnos en el Evangelio desde esta nueva óptica que plantean estos cuatro textos.
¿La emergencia climática también es un tema de fe? ¿Cómo respondemos ante esta crisis según nuestra fe?
Definitivamente, Dios está en la creación. Lo que está pasando con la emergencia climática es que con el aumento de temperatura, la creación empieza a desaparecer, al menos en la forma con que la conocemos. La evidencia científica indica que mientras más emisiones de gases de efecto invernadero dispongamos en el ambiente, el efecto más probable de ello es un aumento de temperatura exagerado, y un aumento de temperatura exagerado tiene por efecto un cambio en el clima como lo conocemos. Toda la biodiversidad que depende principalmente del clima se ve afectada y todos los seres humanos dependemos también de esa biodiversidad.
Por lo tanto, nuestros estilos de vida y nuestra forma de vida también se empiezan a ver afectada. Y entonces los efectos más probables de todo esto son extremar las condiciones de vida: más personas que van a perder empleo, que no van a poder acceder a comida, que no van a tener agua para vivir, que no van a poder habitar lugares donde antes habitaban.
Finalmente, esto que parece como una causa ambiental, pero tiene una repercusión social, tiene todo que ver con nuestra fe, porque los cristianos estamos llamados o vinimos al mundo a amar, pero no amar a cualquier cosa, sino que a amarnos y a vivir del amor, a entregar amor. Finalmente, proteger la casa común es protegernos y eso es lo más cristiano que tenemos.